El olor


Todavía algunas veces huele a sangre. Huele tanto que nos impide hacer una vida normal: no salimos a la calle, ni levantamos las persianas. En ocasiones, incluso nos sobreviene una arcada y vomitamos.

“Huele a sangre”, le digo a Sara. Ella dice que es normal, que aunque cerraron el matadero hace unos meses, todavía está en el aire ese olor. Pero los dos sabemos que no es culpa del matadero... Todo iba a ser sencillo: un golpe seco en la nuca y a disfrutar de la herencia. Pero aquí estamos, atrapados en esta casa que tanto deseábamos y sin parar de vomitar.
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IMAGEN: Esao Andrews

4 comentarios:

Juanma dijo...

Qué bueno, Marta!!

Anónimo dijo...

Marta: Con este texto demuestras la razón que tenía quien dijo aquello de que las cosas no son buenas por ser grandes sino que son grandes por ser buenas.

txe dijo...

joer que fuerte y que bueno!!

saludos!

Le Santi dijo...

Es fuerte el olor de la sangre. Y uno no lo sabe hasta que lo sabe.